martes, 28 de junio de 2011

Érase un licenciado

Parece una broma del destino, pero después de cinco años esperando recibir la ansiada noticia, va y me llega justo después del primer día en el que mi amigo A y yo no tenemos contacto alguno.

He aprobado la otra, así que voy a pedir la compensatoria esta semana y... se acabó! Muchísimas gracias por todo.

Este era el texto que he recibido esta mañana por SMS y os lo traduzco: Le quedaban 2 asignaturas para acabar la carrera, pero con que aprobase una de ellas la otra se la compensan. Los exámenes le habían salido bastante mal, el domingo vio que había suspendido una de ellas y hoy ha visto que ha aprobado la otra. Ahora que no estamos juntos, ha acabado la carrera. Parece un zas! en toda la boca.

Cuando estábamos rompiendo, una de las frases que me dijo es que con lo que yo había cambiado en el terreno sentimental, porque antes era muy frío y ahora me he vuelto bastante cariñoso, que le daba rabia que ahora eso lo fuese a disfrutar otra persona.

Ahora añado yo que con lo que yo he aguantado de nervios de exámenes, y aunque pueda parecer materialista, con lo que yo he invertido en él durante este tiempo, me da rabia que eso lo vaya a disfrutar otra persona.

En cualquier caso, desde aquí le digo que lo he hecho encantado y que lo volvería a hacer, que me alegro muchísimo de la noticia, porque se lo merece y que ojalá lo celebremos pronto, como amigos que somos.

¡¡FELICIDADES LICENCIADO!!

viernes, 24 de junio de 2011

Érase un viaje desastroso

Mira que no aprendo, todos los planes a futuro que he puesto por aquí se me han chafado y yo sigo poniéndolos.

Ahora debería estar yo pasando el día de San Juan en mi pueblo, que es fiesta. Y resacoso, después de la juerga de ayer frente a la hoguera del fuego purificador, pues nada, todos los planes se fueron ayer a la mierda, aunque podía haber sido peor de lo que realmente fue.
Voy a ver si consigo explicarlo sin irme mucho por las ramas, que a estas alturas supongo que ya os habréis dado cuenta de que la concisión no es una de mis virtudes.

Ayer salí de mi casa en Madrid a las 9:45 de la mañana, con la moto, dirección a mi pueblo de Cantabria. Tiempo estimado del trayecto 4 horas y media incluyendo los 2 repostajes de combustible necesarios.

Antes de salir había comprobado todas esas cosas que suelen recomendar, fundamentalmente los niveles de los líquidos y el estado de las ruedas. Todo OK.

La ruta iba más o menos bien, incluso ya había pasado el peor tramo, que es el correspondiente a la provincia de Burgos, porque está la autovía levantada y sólo han dejado un carril para cada sentido. Había hecho el primer repostaje en la provincia de Segovia, al poco de salir de la Comunidad de Madrid y ya me tocaba el segundo, en la provincia de Palencia.

Iba yo tranquilamente por la "Autovía de la Meseta" que es como se conoce a la A-67, la nueva autovía que une Cantabria con Palencia, cuando al tomar la salida, para dirigirme a la gasolinera, noté que algo no iba bien. Cuando finalmente paré en la estación de servicio, confirmé mis peores temores: un pinchazo en la rueda trasera.

Pregunté en la estación de servicio por algún taller de neumáticos o algo similar, pero me dijeron que el más cercano estaba a unos cuantos kilómetros, básicamente me vinieron a confirmar lo que ya estaba viendo yo, que aquella gasolinera estaba en mitad de la nada.

Pues nada, llamada a la grúa, que parece que estaba aparcada ahí al lado, porque no me dió tiempo casi ni a terminarme el pincho de tortilla que me había pedido en el bar de la estación de servicio.

Cuando llegó el hombre de la grúa me recomendó llevar la moto al único taller de motos que había en 50 kilómetros a la redonda, que estaba 3 pueblos más adelante, teniendo en cuenta la separación entre cada pueblo que hay en Castilla.

Finalmente llegamos al taller cuando acababa de cerrar para comer. Eran las 14:05 y cerraban de 14:00 a 16:30, pues nada, dejamos la moto en la puerta del taller, el de la grúa se pira y yo me quedo conociendo el pueblo, que la verdad es que resultó bonito. Además estaban en fiestas y en concreto, las peñas formadas por la juventud del pueblo estaban con sus comidas de confraternización correspondientes en un parque y con un alto grado ya de alcohol en sangre. Y yo aprovechando para alegrarme un poco la vista y dejar de preocuparme por el pinchazo.

Llegó la hora de abrir el "taller" y allí estaba yo. Lo he puesto entre comillas porque cuando abrieron la puerta pude comprobar que en el supuesto taller de motos vendían o arreglaban bicicletas, motosierras, aparatos de gimnasio... vamos de todo... menos motos, que no había ni una por allí.

Le conté mis problemas al hombre, bueno no todos, sólo el del pinchazo y me dijo que no tenía neumáticos en stock, que le tardarían 3 días en llegar y que encima cerraba desde hoy viernes hasta el próximo miércoles por las fiestas del pueblo, así que me dijo que lo único que podía hacer era reparar el pinchazo y que tratase de llegar a Santander donde me podrían cambiar el neumático sin esperas.

A las 17:30 ya estaba otra vez poniéndome en marcha, notando una ligera vibración en la moto, pero tratando de llegar a mi destino sin perder tiempo, por miedo a posibles fugas de aire. 10 kilómetros más adelante, circulando a unos 120 km/h ocurrió la catástrofe. Escuché una fuerte explosión y la moto empezó a culear a uno y otro lado sin control. No sé ni cómo tuve la sangre fría (y la fortuna, todo sea dicho de paso) de controlar el aparato sin irme al suelo.

Menos mal que un día haciendo zapping ví un reportaje de seguridad vial y dijeron que lo más importante en caso de un reventón es no tocar el freno. En el reportaje hablaban de los coches, pero por si acaso yo lo apliqué también a la moto y fui haciendo equilibrismos con la moto, mientras ella se empeñaba en cruzarse por la carretera.

Me dió tiempo a mirar por el retrovisor y ví que sólo me seguían de lejos otra moto y un coche y ambos se habían dado cuenta de mi situación porque habían reducido drásticamente y tenían los intermitentes de emergencia puestos. Ahí me tranquilicé un poco, lo primero que pensé es que si me caía al suelo no me iban a pasar por encima y podrían llamar a la ambulancia, así que continué dando bandazos de carril a carril de la autovía hasta que al final se detuvo en el arcén de la izquierda, en la mediana, que es de estas que tienen como un vadén en el centro con un sumidero para el agua.

Todo esto pasó en pocos segundos, pero a mi se me hicieron larguísimos, hasta que fui capaz de poner el pie en el suelo. Bajé de la moto todavía temblando y la apoyé sobre el caballete. Había parado también el motorista que venía detrás que se bajó de su moto temblando también, porque había visto la jugada perfectamente desde atrás y se quedó un ratillo tranquilizándome y tranquilizándose, hasta que llamé a la grúa de nuevo y ya se despidió y se marchó.

Esta vez me mandaron otra grúa del mismo pueblo en el que me habían reparado el pinchazo, les conté el problema al hombre de la grúa y a los de la asistencia en carretera y decidimos que lo mejor era que me llevaran a la base de la grúa, que era también un concesionario de coches, para que me tranquilizase y buscásemos una solución desde allí.

La verdad es que en aquel concesionario se respiraba un ambiente totalmente familiar. Estaba el marido que era el que me había ido a recoger con la grúa, la mujer que estaba en la oficina y los dos hijos que eran uno el mecánico del taller y otro el vendedor del concesionario. Estaba por allí también una abuelilla tejiendo y en un momento dado llegaron lo que supongo que serían dos nietas a por su paga para las fiestas.

Me enrollo hablando del concesionario porque se merecen todo mi agradecimiento, ya que hicieron todo lo posible por ayudarme. Si supiese el nombre hasta les haría publicidad, pero estaba yo como para fijarme en esos detalles. El caso es que la mujer estuvo tratando de buscar un taller de motos o un neumático hasta de debajo de las piedras, pero resultó misión imposible. Incluso finalmente fue ella la que se peleó por mí con los de la asistencia en carretera para conseguir que tanto la moto como yo pudiésemos volver a Madrid.

La moto se quedó allí, a la espera de que un camión del seguro pase a recogerla la próxima semana para traerla a mi taller de siempre, aquí en Madrid. Hoy me ha llegado un SMS diciendo que avise al taller de que se la llevarán el día 28.

Y a mí me pusieron un taxi hasta el aeropuerto de Valladolid (que yo ni sabía de su existencia), que era el lugar más cercano (a 2 horas) en el que podría recoger un coche de alquiler para venirme a Madrid.

El taxista muy simpático, me dijo que la próxima vez exigiese que el taxi me llevase hasta la puerta de casa. La verdad es que el taxi es un medio de transporte que yo he utilizado en contadas ocasiones y, por supuesto nunca para trayectos tan largos. Así que no tenía ni idea de que hicieran viajes tan largos y menos, que el seguro lo pagase. Para la próxima ya lo sé, aunque espero no tener que volver a utilizar estos servicios.

La verdad es que todavía tenía el miedo del accidente en el cuerpo, aunque ya habían pasado unas cuantas horas, y no estaba en plenas facultades para conducir, pero al final conseguí llegar a casa a las 12 de la noche, 14 horas después de haber salido y con un cansancio acumulado que me hizo quedarme dormido casi con mi atuendo de motero puesto. Esta tarde he ido a devolver el coche de alquiler y con eso y cuando recoja mi moto del taller con sus zapatos nuevos, daré por concluida la aventura de este puente. Que podía haber terminado mucho peor.

jueves, 23 de junio de 2011

Érase un puente

Hay una fiesta en Madrid que siempre sirve de comodín, para completar las fiestas locales. Se trata de uno de los jueves que según la tradición relucen más que el sol, en este caso el Corpus.

Este año ese día, que es hoy, es festivo, así que utilizando otro de mis vacaciones, me he construido rápidamente un puente, para poder hacer un viajecillo.

Se da la casualidad de que este año el viernes es San Juan, que es la fiesta principal de mi pueblo, así que para allá que me voy.

Hace 10 años, desde los 18, que no he vuelto a estar en mi pueblo para ver la hoguera, los fuegos artificiales y la quema del Sanjuanón, que es una especie de falla que se coloca en lo alto de la hoguera.

Además, creo que desde hace unos pocos años, antes del encendido hacen todo un ritual con un montón de seres de la Mitología Cántabra, así que allí espero encontrarme con el Ojáncano, el Trenti, el Culebre, la Anjana, el Hombre Pez y el resto de parientes que pueblan nuestros bosques, montañas, ríos y mar.
En lo personal, estoy tratando de acostumbrarme a la nueva situación, así que me vendrá bien encontrarme allí con mis amigos de toda la vida y tratar de convencerlos para que se animen a visitarme por el Orgullo. Supongo que es complicado que lo hagan, y menos avisándoles con tan poca antelación, pero trataré de jugar la baza de la penita.

También me espera un poco de ambiente familiar, porque esta tarde tendré que ir al festival de fin de curso de la escuela de danza a la que va mi prima (aunque no me guste nada, pero hay que cumplir) y el domingo, los niños que han hecho la Primera Comunión este año se vuelven a poner sus trajes y vestidos y salen de procesión para festejar el Corpus, así que me tocará volver a ver a mi prima vestida de princesita.

Además de todo eso, me gustaría ir a la playa por primera vez este año y también espero tener un poco de tiempo para introspeccionarme, tanto en la playa, como fundamentalmente en los viajes de ida y vuelta, porque voy en moto y es un momento muy bueno de soledad, de oir sólo el ruido del motor y del viento contra el casco. Me encanta esa sensación, sobretodo cuando es en viajes largos y por placer, nada que ver con el trayecto diario de casa al trabajo.

Pues nada más, que me despido y hasta el domingo no tendréis noticias mías, porque no soy de los que se lo curran y dejan sus post programados.

lunes, 20 de junio de 2011

Érase un cambio de nombre

Hay bastantes cosas que alguna vez cambian de nombre, el primer ejemplo que se me ocurre viene con musiquilla y todo, no sé si os acordaréis pero era una frasecilla así: "Míster Proper fue al principio, ahora se llama Don Limpio".

Todo en esta vida tiene una explicación, y la que cuentan de este caso fue que en todos los países de Europa la marca se llamaba igual, pero debido a que las economías de todos los países no estaban a la misma altura, las grandes superficies de los países que iban mejor como Alemania o Francia, para conseguirlo más barato, no dudaban en comprar el producto a los distribuidores de los países que peor iban como España o Portugal, así que teniendo el mismo embalaje, la marca empezó a tener pérdidas en los países que mejor iban, por lo que decidieron traducir la marca a la lengua de cada país.

Otro caso más reciente es el del orginal BioFrutas de Pascual, que luego pasó a llamarse Pascual Funciona y ahora ha vuelto a cambiar de nombre por el de BiFrutas de Pascual.

En este caso la explicación es que no fue decisión de la marca, sino obligación del gobierno, porque sacaron una ley de consumo en la que decía que para que algo tuviera los prefijos bio o eco en su nombre, se debían cumplir unas características y en este caso no se cumplían. Con el cambio de nombre, la marca perdió posicionamiento en el mercado y por eso decidieron cambiar al nombre original pero toreando un poco la ley, así que se quedó sólo en bi.

Aquarius, la bebida para deportistas, no es que haya cambiado de nombre, es que han sacado una campaña en la que te ayudan a cambiar legalmente el tuyo, si quieres, porque por lo visto es un proceso un poco complicado en el que se tienen que cumplir alguno de estos motivos:


  1. Cuando lo solicite el interesado por usar habitualmente un nombre distinto del que consta en la inscripción de nacimiento o por otra justa causa
  2. Cuando el nombre se hubiese impuesto con infracción de las normas establecidas
  3. Cuando se trate de la traducción de un nombre extranjero
  4. Cuando se trate de la traducción o adaptación gráfica o fonética a las lenguas españolas
  5. Cuando se rectifique la mención registral del sexo.


Por si os interesa cambiaros de nombre, la página que han preparado es esta: www.laeraaquarius.com

Y habría más y más casos de nombres, cada uno con su explicación correspondiente, aunque la reina en esto es Tamara(La Mala)-Ámbar-Yurena. Cosas de frikis, en este caso.

Pero vamos que no es mi propósito en el día de hoy analizar los cambios de nombre que se han producido en la historia, sino anunciaros que a partir de hoy ÉL pasará a llamarse mi amigo A. Si habéis leído el post anterior, la explicación sería que al final ayer no fui al teatro, pero vamos, que creo que sobran las explicaciones.

domingo, 19 de junio de 2011

Érase una noche de insomnio, dudas y alguna que otra lágrima

Ya es domingo, estoy escribiendo esto a las 3 de la mañana y no, no acabo de llegar de fiesta, de hecho me estoy pasando la noche como la película: solo en casa.

No puedo dormir y es algo que muy pocas veces me pasa, porque suelo dormir como un lirón aunque caiga una bomba atómica en la habitación.

Tampoco lloro nunca. De hecho cuando murió mi abuelo, con el que estuve bastante unido, no conseguí derramar ni una sola lágrima y es algo que no me perdono. Pero esta noche debe ser la noche de las excepciones, porque a parte de no poder dormir, también se me ha escapado alguna lagrimilla ocasional.

Cuando abrí este blog lo hice en parte para poder desahogarme un poco y es justamente lo que estoy haciendo. Si alguien lo lee, dudo que entienda nada, pero esta vez estoy escribiendo especialmente para mí, así que sólo puedo pediros perdón por ello.

Tengo la tele puesta, pero no la estoy haciendo ni puto caso, hasta ahora que me ha dado por mirarla y estaba la del zodiaco de telecinco, Esperanza Gracia, así que he esperado hasta que llegase a mi signo: Libra.

Si habéis visto alguna vez a esta mujer ya sabréis que hace un ranking ordenando los signos según como va a ir su semana, de mejor a peor, pues bien, esta semana Libra está el último de la lista.

No creo en estas cosas, al igual que no soy supersticioso, pero hoy me ha dado por prestarle atención y parece ser que al que le tengo que echar la culpa de mis problemas es al puto Saturno que está transitando por mi casa y me la tiene patas arriba.

Por lo visto, durante toda la semana la vida me va a ir poniendo pruebas que tendré que superar con tesón y esfuerzo. La prueba principal creo que la tengo ya delante, pero mi duda es en qué dirección tengo que dirigir mi tesón y mis esfuerzos, porque veo la valla pero no sé para qué lado tengo que saltarla.

Con lo que ya me he quedado rayado (supongo que de estas casualidades vive la gente esta) es cuando ha hablado de que hacer un viaje me vendrá bien. Tengo el viaje ya planificado, el problema es que es hacia el final de la semana, así que hasta que llegue el momento me toca pasar unos días jodidos.

Por lo menos me puedo consolar con lo de que me vendrá bien, así que confío que al volver a pisar esta ciudad, a la que muchas veces me arrepiento de haber querido venir, los problemas hayan desaparecido. JA!!

Mañana he quedado a las 9 de la mañana y todo apunta a que voy a ir sin haber pegado ojo, así que creo que voy a pasarme el día zombi perdido o durmiendo directamente, menos mal que lo que tengo a hacer no requiere mucha concentración.

Por la noche tengo una entrada para ir al teatro, pero dudo si se quedará sin usar. Y es que precisamente el teatro es el que ha causado (o acelerado) toda la situación actual. Puta obra de teatro, en menudo momento se me ocurrió hacer la reserva para "la decisión de John".

Parece que me voy a acordar de John para los restos.

Llegados a este punto, creo que le voy a dar ya al botón de publicar, aunque no sé si voy a dejar el post mucho tiempo por aquí colgado, así que si lo habéis leído y de repente desaparece, será que la situación ha cambiado.

jueves, 16 de junio de 2011

Érase una feria

El fin de semana pasado se celebró en Madrid el que posiblemente sea uno de los eventos favoritos de ÉL: la Feria de la Tapa.

Por lo general me cuesta bastante llevarlo a sitios en los que vaya a haber gran aglomeración de gente, no llega a ser una fobia, pero le agobia bastante.

Y eso sucedió la primera vez que fuimos a esta Feria, ya no sé hace cuántos años. Yo me enteré por el periódico, supuse que a ÉL le gustaría, porque es de buen comer y allá que nos fuimos un sábado.

Como ya conocía sus problemas con las aglomeraciones, fuimos bastante pronto, tanto que no habían abierto todavía las puertas, y la cola que había montada fuera era exagerada. Nada más verla ya empezó a protestar para que nos fuésemos, pero cuando conseguimos ponernos al final de la cola, abrieron y empezamos a avanzar muy rápido, así que le tocó aguantarse y entramos.

Le gustó tanto que desde entonces no se la ha perdido ningún año. Abre desde el jueves para comer, hasta la cena del domingo y le gusta tanto que suele ir ÉL solo los jueves para comer, porque yo trabajo y luego vuelve por la noche conmigo o con algún amigo y así todos los días.

Cuando mi familia le invitó ir a la comunión de mi prima, antes de decir que sí, en lugar de ver si le coincidía con algún examen, miró a ver si le coincidía con la feria de la tapa... así que con eso lo digo todo.

La feria se hace en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, en Goya y alrededor de la pista montan un cuadrado formado por casetas, cada una de un restaurante o bareto y algunas de escuelas de hostelería y sitios así. En el centro hay un escenario donde la marca de cervezas patrocinadora del evento da explicaciones de sus productos y de cómo se tira una caña y entre el escenario y las casetas, hay mesas altas, para estar de pie, en las que ir apoyándo el plato mientras degustas las tapas.

Para pagar no admiten euros, hay que hacerlo con unas fichas que se cambian en las taquillas que montan a los lados, transacción para la que hay que guardar de nuevo cola. Cada tapa cuesta una ficha y cada caña otro y los refrescos y tercios cuestan dos. Las fichas que empezaron costando un euro, en esta edición ya iban por 1.20 €, a ver si dejan de subir ya.

Sobre las tapas, en cada puesto hay 3 y las hay más o menos elaboradas, porque a parte de la degustación, es un concurso y los ganadores ponen un cartel bien grande en sus puestos y supongo que también en sus locales. 

Este año mis favoritas han sido un perrito criollo y una tosta de solomillo con queso, cebolla caramelizada y salsa de pétalos de rosa.

Lo que hecho en falta en este evento son sillas, ya que ni siquiera te dejan sentarte en el suelo, dicen que por temas de seguridad. El proceso es pillar el papeo en un puesto, buscar un hueco libre en alguna mesa y hacer amistad con los compañeros de mesa que te toquen (porque es muy raro pillar una mesa vacía) comentando qué se está comiendo cada uno y de qué puesto lo han pillado. Cuando acabas con esa tapa, vuelta a otra caseta y a buscar hueco de nuevo, así hasta llenar el buche o acabar las fichas.

Este año ÉL ha estado 3 veces y yo sólo una, porque la verdad es que a mí, que he vivido 5 años en Bilbao, para esto de las tapas o los pintxos, prefiero el ir de bar en bar, antes que meterme en un polideportivo. Manías de cada uno.

martes, 14 de junio de 2011

Érase un Santo

Ayer se me pasó comentar que se celebraba una fiesta que antaño había sido muy importante para mí, era el día de San Antonio y no es porque yo me llame así.
Cuando en los inicios del blog hice un repaso de mi vida, ya comenté que yo no me he criado con mis padres, sino que los encargados de cuidar de mí fueron mis abuelos y lo hicieron en el Barrio San Antonio de mi pueblo.

Es un barrio peculiar, que está compuesto de hileras de casas dispuestas de dos en dos. Es lo que hoy en día conoceríamos como "urbanización de chalets adosados", pero supongo que cuando se construyeron, allá por los 60, ninguna de esas palabras saliera de la boca de sus primeros moradores.

El barrio está en terrenos de una de las grandes fábricas que hay en el pueblo, que aunque ahora sea fundamentalmente una ciudad dormitorio de Santander, otrora fue un importante núcleo industrial, con fábricas de bombillas, de abonos y fertilizantes, de cables, de acero, de barcos, de puertas de garaje, de equipos nucleares, de ladrillos,...

Pues el caso es que la fábrica de cables en la que trabajó mi abuelo y en la que ahora siguen trabajando sus dos hijos varones (mis tíos), decidió que en unos terrenos de su propiedad, anexos a lo que es la fábrica en sí, iba a construir casas para sus trabajadores y se las iba a alquilar a un precio que por aquel entonces era irrisorio y que con el fin de los céntimos de peseta y hasta la llegada del euro sufrió un gran redondeo hasta alcanzar la escalofriante cifra de una peseta al año.

Vamos que antes las empresas se preocupaban por sus trabajadores lo mismito que estas en las que nosotros trabajamos.

La fábrica de cables estaba, como casi todas las demás, en las afueras del pueblo y el barrio se construyó todavía más alejado del centro. Por un lado lindaba con la propia fábrica, por otro con una ría, por otro con un colegio y a partir de ahí lo único que había era huertas.

Todas las casas se construyeron iguales, ya fueran para jefes o para curritos y se repartieron por sorteo. Mi abuelo tuvo suerte y le tocó la primera casa, la más cercana a la "civilización". Las casas eran encaladas, algo mucho más propio del sur, estaban en el campo, tenían unos caminos para llegar hasta ellas y se accedía directamente del campo a la casa.

Esa postal sólo la he conocido por el relato de mis abuelos y por escasas fotografías. Yo ya conocí las casas con sus jardines y huertos (de los que se apropiaron sus inquilinos ilegalmente) y sus vallas alrededor y con sus aceras y sus calles convenientemente asfaltadas. Tampoco estaban ya encaladas, cada par de familias había elegido como recubrir las fachadas y ahora es todo un mosaico en el que aunque todas tienen la misma forma, cada par de chalets tienen diferentes acabados.

Como todos eran compañeros, el ambiente en el barrio era de total familiaridad con los vecinos. Todos compraban en el economato de la fábrica, los niños se bañaban juntos en la ría, las mujeres también iban allí a lavar la ropa todas juntas y todos celebraban como una gran familia la fiesta del barrio, San Antonio.

Era una fiesta popular, en las semanas previas todos se afanaban en arreglar sus huertos y jardines y pintar y limpiar para que las casas lucieran sus mejores galas y ese día se hacía una misa en la amplísima zona verde que había en el centro del barrio y de cada casa se preparaban los mejores manjares, para compartirlos con todos los vecinos.

Cuando yo era pequeño las tradiciones habían cambiado y la fiesta de este barrio, se había unido con la fiesta de otro de los barrios cercana en el calendario y ya se consideraban las fiestas propias del pueblo: San Antonio y San Juan. Seguía habiendo una misa en el barrio, se instalaban atracciones de feria y había diferentes eventos para grandes y pequeños durante toda una semana, luego se desmontaba todo y se volvía a montar en el otro barrio, el de la fiesta de San Juan.

Hoy en día ya prácticamente no queda ni rastro de aquello que un día fue. Ahora las fiestas patronales se llaman exclusivamente de "San Juan", por San Antonio sólo se hace una misa y ni siquiera se hace en el barrio, se hace en el centro del pueblo.

De los primeros moradores del barrio ya quedan pocos allí y con la llegada del Euro, la empresa les regaló definitivamente las casas, así que lo que hicieron casi todos los herederos fue vender las casas a nuevos vecinos, por lo que el ambiente en el barrio ya ni se parece a lo que había antes. Ni siquiera el medio ambiente se conserva, ya que ahora la ría está totalmente contaminada por todos los vertidos de las empresas de alrededor y los huertos que había detrás del barrio han sido víctimas de la especulación inmobiliaria.

Pero en mi memoria siempre quedarán aquellos días de fiesta, con la misa, las chocolatadas, las atracciones y el hecho de que al ser las fiestas en el barrio en el que vivía, aún siendo muy niños, nos podíamos mover por allí libremente, sin supervisión de los mayores.

domingo, 12 de junio de 2011

Érase un ciclista reivindicativo

En Madrid moverse en bicicleta es muy arriesgado y por eso se organizan muchas iniciativas para fomentar el uso de este medio de transporte tan ecológico.
Una de estas iniciativas es la bici crítica y que es un evento que se organiza el último jueves de cada mes a las 8 de la tarde, saliendo desde Cibeles y realizando cada vez diferentes recorridos por el centro de la ciudad.

Desde que tengo bici, me apetece unirme a este paseo reivindicativo, pero precisamente por el miedo a llegar hasta allí en bici desde mi casa, tal y como está el tráfico en esta ciudad un día laborable a esas horas, nunca he dado el paso, aunque espero vencer pronto el miedo a los enlatados y motoristas.

Apoyo totalmente este tipo de iniciativas, aunque muuuuchas veces me he visto directamente perjudicado, al encontrarme atrapado como conductor en el caos que se causa cuando los bici críticos colapsan las principales calles de la ciudad, pero comprendo que en esta vida hay que enseñar un poco los dientes, para que te hagan caso.

La última edición coincidió que estábamos Kotei, Pimpf y yo de paseo por Callao cuando pasó toda la comitiva por la Gran Vía y como ellos nunca habían oído hablar del tema, por eso he decidido publicarlo por aquí, para darlo a conocer a más gente.

Otra de las actividades que se desarrolla para fomentar el uso de la bicicleta, son los diferentes días de la bici de la ciudad y de cada barrio. Hace 15 días fue el de Carabanchel, donde vivo, y justo cuando estaba a punto de salir de casa, cayó un chaparrón de órdago, así que aunque luego no volvió a llover en todo el día, yo me lo perdí, porque decidí quedarme en casa.

Y este fin de semana le tocaba el turno a la iniciativa más pintoresca de todas, la quedada Ciclonudista. Bajo el lema "Desnudos ante el tráfico" la idea era hacer un recorrido en pelotas por la ciudad. Yo estaba bastante animado a ir, pero esta vez fue ÉL el que me lo "impidió". Tampoco es que me lo prohibiera, faltaría más, pero cuando se lo comenté hubo un silencio y a continuación hasta le cambió la voz y, porque se lo dije por teléfono, pero me imagino la cara que se le tuvo que quedar. Así que me tocó aguantar la charla sobre que una cosa es el nudismo y otra el exhibicionismo y varias peroratas más sobre el tema, que lo único que pretendían era esconder el miedo a que me viesen desnudo en algún medio de comunicación o peor aún, en alguna página de esas de pillados.

Por lo menos me acerqué a ver el ambiente que se respiraba, que era más festivo que otra cosa, y tomé la decisión de que el año que viene, no me importa lo que ÉL me diga, que yo no me lo pierdo.

De momento, y mientras venzo el miedo a adentrarme por las calles de la ciudad, siempre me quedará el anillo ciclista para bordearla, o los (todavía pocos) carriles bici que están haciendo.

martes, 7 de junio de 2011

Érase un hombre trajeado

Hoy me ha tocado disfrazarme y doblemente, primero ponerme traje y corbata y encima de todo eso el disfraz de motero.

Lo del disfraz de motero es debido a la lluvia que ha caído hoy en el pueblo de la sierra en el que trabajo, que casi tengo que ir con la piragua en vez de con la moto. En invierno normalmente llevo atada a la moto una especie de mantita, que aunque queda bastante hortera, me protege del frío y de la lluvia, así que no me hace falta ponerme ropa especial, excepto la cazadora con protecciones que por seguridad la llevo siempre.

Ahora como se supone que ya hace bueno, pues tengo la manta quitada, así que al levantarme hoy y ver los nubarrones que se cernían sobre mi cabeza, he decido rescatar del trastero el pantalón de aguas y el chubasquero, por lo que he llegado al trabajo pareciendo el capitán pescanova.
Debajo de todo eso, además hoy me tocaba llevar traje con su correspondiente corbata, que además es una cosa que odio. Normalmente nunca lo tengo que llevar, excepto cuando hay reuniones importantes, que serán unas seis o siete veces al año. Pues hoy era una de ellas.

Ayer me llamó mi jefe a su despacho para decirme que hoy él tenía una reunión durante toda la mañana, pero que tenía otra más importante a media mañana, así que sólo podría ir durante un rato a la menos importante, por lo que teníamos que ir los dos y luego quedarme yo solito tomando notas.

Yo supuse que tocaba ir de traje, así que asumí el cachondeo de mis compañeros (porque como ellos nunca tienen que encorbatarse, siempre se descojonan de mi) y me planté mi disfraz de ejecutivo. La sorpresa (y el mayor cachondeo de mis compañeros) llegó cuando apareció mi jefe ¡¡¡con unos vaqueros!!! Lo comenté con él y me dijo que por la tarde tenía que ir a un trabajo de campo, así que tenía que ir cómodo.

Resultado, la gente con la que teníamos la reunión se pensaron que yo era el jefe y no dejaban de dirigirse a mi para todo y yo la verdad es que no tenía ni idea de lo que me estaban hablando, yo simplemente iba allí para tomar nota de lo que se dijese en ausencia de mi jefe... un desastre. Y el resto del día aguantando las risas de mis compañeros. El día que uno de ellos ascienda y le toque ponerse el traje y la corbata, me lo voy a pasar muy bien. Hasta entonces me tocará aguantarme.

lunes, 6 de junio de 2011

Érase una primera comunión

Bueno pues ya estamos de vuelta del evento familiar al que tanto miedo tenía: la comunión de mi prima.
La ceremonia, un coñazo, como era de esperar. Además yo tenía previsto escaquearme, pero al final no pudo ser, porque me liaron para que la grabara en vídeo, así que no sólo no me pude escapar, sino que tuvimos que llegar pronto para pillar sitio en la primera fila del coro, para asegurarnos unas buenas vistas.

Encima, de unos 30 niños que hacían la 1ª comunión a la vez, la anécdota la tuvo que poner precisamente mi prima, que al ir a dar la paz a su familia, se pisó el vestido y se cayó en mitad del pasillo... menudo mal rato que se llevó. A ver si mandan el vídeo a un programa de estos de mamporros y por lo menos se llevan un dinerillo, y que me den mi parte por haberlo grabado, jejeje.

En la iglesia, lo de estar con el vídeo nos vino bien, porque así nos escondimos en el coro y no hubo momentos incómodos con la familia, pero ya en la comida no había excusas... aunque tampoco hicieron mucha falta, porque de nuestra familia sólo estábamos mi madre, mi abuela, unos parientes lejanos (tíos y primos de mi madre) y nosotros.

Por la parte de mi tío eran muchos más de familia, pero tampoco nos juntamos las dos familias, así que no sé qué pensarían de mi acompañante. Creo que he descubierto que lo de ser tan asocial lo debo llevar en los genes, porque fue comer cada familia en una mesa distinta y luego cada uno por su lado, hasta que "los otros" se fueron un poco a la francesa.

Nosotros por lo menos esperamos a que acabase la actuación de los magos que estaban contratados para las 3 comuniones que allí se celebraban, pero menudo fracaso, creo que en el momento de mayor aforo, se debieron llegar a juntar 5 ó 6 niños. A decir verdad, tengo que reconocer que nosotros nos quedamos porque la que había llevado el coche era mi madre, porque si no, habríamos sido los primeros en abandonar el lugar.

Sobre lo que más miedo me daba, la relación entre mi familia y ÉL, mi abuela nunca ha pedido explicaciones y la verdad es que no sé qué pensará, porque sabe que cada vez que voy a verla voy con ÉL, pero ya digo que nunca ha preguntado nada.

Mi tía (la madre de la homenajeada) no se lleva demasiado bien con gran parte de la familia, por eso, como casi todos los cercanos la dejaron plantada, tuvo que abrir el círculo hasta encontrar alguien que aceptase ir (por aquello de que no ganase por goleada la familia de su marido), en este caso aceptaron la invitación una hermana de mi difunto abuelo y su marido y su hija y su marido, que como todos ellos reconocieron nada más llegar, nunca dicen que no cuando se trata de comida por la patilla... sobran los comentarios. Para completar su carta de presentación, tengo que decir que tanto estos tíos como estos primos de mi madre, son bastante homófobos. Lo sé por comentarios que durante años he tenido que escuchar, aunque supongo que es fruto de su edad (por los tíos) mezclado con la hipocresía de los EEUU, porque todos ellos han vivido más tiempo allí que aquí. Por si acaso, ya se encargó mi madre de presentarle como un amigo. El día que mi madre le trate de puertas para afuera, como lo que es: mi novio, creo que se acabará el mundo. Eso sí, de puertas para adentro, todo genial, hasta el punto de irse ella a dormir a otra habitación y dejarnos a nosotros la cama de matrimonio.

En resúmen, se puede decir que fue una celebración muy triste. Poca y lejana familia por nuestra parte y mucha pero sin ningún interés por la otra parte. Por lo menos mis tíos tuvieron la vista de invitar a una amiga suya del cole, porque si no fuera por eso, mi prima se habría aburrido como una ostra, casi tanto como nosotros. Eso sí, por lo menos se lleva, a parte de la hostia (y lo digo por la comunión, no por la caída), un buen cargamento de regalos. Menos da una piedra.

miércoles, 1 de junio de 2011

Érase una muñeca

Agotadico que vengo, después de patearme todas las jugueterías de esta ciudad, buscando el último caprichito de mi prima.

Este sábado le dan su primera hostia a mi prima y con eso de que es la única niña de la familia, porque todos los demás ya estamos en edad de aumentar la prole, normalmente le damos todo lo que pide y más.

Nosotros ya le hicimos nuestro regalo hace tiempo, porque en la última visita a Santander aprovechamos para preguntarle que qué quería y nos dijo que unos patines nuevos, así que de la misma nos fuimos a que se probara unos y así nos quitamos de enmedio el tema.

Pues bien, mi prima tiene una tía por parte de su padre, (ella es prima mía por parte de su madre) que no fue igual de previsora y ahora se ha acordado de que tenía que hacerle un regalo. Y lo que la niña le ha pedido ha sido una Nancy de Primera Comunión.

Problema: en Santander, después de que ha terminado el mes en el que tradicionalmente se hacen las comuniones, la muñeca en cuestión está más que agotada, así que ayer recibí la llamada urgente de mi tía para que les hiciese el favor de remover cielo y tierra en esta ciudad para ver si aparecía alguna muñeca de estas. Y yo me he acordado de la madre que parió a mi prima (mi tía en este caso), de la madre que parió a su tía (que vendría a ser su abuela) y de la madre del que creó a la Nancy (aunque no tengo ni idea de quién será).

La cosa es que hoy después del curro me he recorrido los toisarases y polis, las secciones de juguetería de los hypermercados, las jugueterías de barrio y hasta algunos chinos aunque vendiesen la fanci en lugar de la nancy y cuando ya lo daba por perdido, porque en todas partes me miraban con cara de qué pinta este tío a estas alturas pidiendo una muñeca tan cursi, pues he recordado que en una tienda en la que suelo comprar mis caprichitos de Lego, tienen una zona rosa a la que nunca había pasado, así que para allá que me he ido y EUREKA!! tenían la dichosa muñeca.

El último problema ha sido el tema del transporte, porque según mi tía la caja venía a ser más o menos como una caja de zapatos, así que he ido con la moto, pero resulta que lo que no me dijo es que la caja era de los zapatos de Miliki, Gaby y Fofó juntos y no cabía en el baúl de ninguna manera, así que aún a riesgo de piñarme, me ha tocado llevar la caja entre las piernas, pero no podía ni girar el manillar, así que a duras penas he conseguido llegar hasta donde estaba ÉL y cargarle con el peazo paquete, para que me lo llevara en el metro.

Ahora después de la paliza, espero que a la niña le guste su regalo.